¿Qué pasa con las llamadas a revisión?

Lunes, 14 abril 2014

En los últimos tiempos, raro es el mes que alguna marca no se ve obligada a anunciar a los cuatro vientos que decenas de miles de unidades de sus modelos, necesitan pasar por el taller por tal o cual motivo. Esta es la explicación.

Un automóvil moderno, es un auténtico puzzle con decenas de miles de piezas, diseñadas por un único equipo técnico, pero suministradas por centenares de proveedores que además, van a precio. Con este escenario, parece difícil que todo funcione a la perfección durante la vida de un mueble que para más inri, no está quieto como una lavadora en la cocina de casa. Y es que si los coches de antes eran más duros, tiene que ver no sólo con la calidad de fabricación, sino con el número de elementos susceptibles de fallar. Para ejemplo, la puerta de un Renault Mégane de última generación. ¿Apuestas cuántas referencias tiene la del conductor? Te quedarás corto: casi 300 diferentes. 

Y es que la historia de las llamadas a revisión ni es nueva, ni ha empezado a suceder en estos días. En el pasado, los fallos se subsanaban siempre y cuando el coche apareciera por el taller oficial para realizar el mantenimiento, o si tenía la fortuna de caer en manos de un mecánico con ciertas dotes de documentación y artesanía.

Hoy por fortuna, el escenario del control de calidad está más regulado, dentro y fuera de la factoría. Cuando se produce un coche, el objetivo principal del fabricante es que llegue al final de la cadena de montaje con cero defectos. De hecho, ése es el nivel por el que se mide su rendimiento, y no tanto por la cantidad de unidades que salgan hacia las campas.

Fuera de las factorías, la administración recoge el testigo y aunque no te lo parezca, las estaciones de inspección donde pasas la ITV, generan una importante cantidad de información que es sistemáticamente trasladada a las firmas de automóviles.

Sabido esto, hay dos tipos de revisiones: las voluntarias y las obligadas. Éstas últimas cuando surgen, es porque ya ha pasado algo malo. Los años han pasado, en las estadísticas de la ITV y los atestados de investigación de accidentes cruzan sus resultados y se dispara la alarma. Y también por una cuestión de volumen de mercado, las estadísticas saltan por los aires entre los 239 millones de automóviles que circulan en los Estados Unidos, el parque más grande del mundo. A este grupo pertenecen los 6,3 millones de Chevrolets, 1,9 millones de Prius o 1 millón de nissanes que han tenido por ejemplo que ser llamados a revisión en los estates sólo en lo que llevamos de año.

Las llamadas voluntarias, trascienden menos porque se quedan en casa. Toyota acaba de llamar a revisión 22.000 coches de los modelos Rav4, Hilux y Land Cruiser cuyos soportes de la caña del volante podría desprenderse de su ubicación natural. En otra época, esto hubiera quedado en el acerbo popular de que los toyotas enseguida parten el salpicadero, aunque hoy una educada comunicación de la marca avisa a sus propietarios de que se pasen por el taller para cambiar la pieza por una mejorada, sin coste para el cliente.

¿Es mejor que te informen o que sufras las consecuencias del silencio? Sea como fuere, conviene mantener la trazabilidad de un coche usado, cuidando de transferirlo con su denominación comercial exacta para que quede registrado en Tráfico ante una posible llamada obligatoria, y mediante el boletín de cambio de titularidad que acompaña al manual de instrucciones del coche y que se deposita o envía al centro de atención al cliente de cualquier marca y que normalmente, duerme el sueño de los justos en la guantera y termina por excluir a un coche que se ha vendido en un compra-venta, de estos procesos o campañas de revisión o mejora gratuitos.

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