El decálogo de la conducción eficiente

Lunes, 25 agosto 2014

La disparidad entre las cifras del ordenador de abordo, las que publicitan las marcas de automóviles y las que se envuelven con aire de leyenda urbana en las conversaciones con amigos, nunca parece quedar claro cómo hacerlo para consumir menos. Con estos diez trucos, por lo menos no fallarás.

Una conducción eficiente contamina menos, ahorra dinero a la caja de gastos al final de cada mes, y genera una agradable sensación de tranquilidad. Es más: te permitirá escuchar y sentir ruidos camuflados en fases de aceleración y retención a la hora de probar un coche. Dicho lo cual, la obsesión con la cifra homologada por la marca, es mejor dejarla en casa. El ciclo combinado a la que están obligadas, pasa por lastrar ligeramente el coche, montarlo sobre unos rodillos y a golpe de cronómetro, ir cambiando de marchas en busca de una velocidad determinada. Todo lo contrario a la vida real, sin aire de cara, cuestas, carga, o presiones de los neumáticos fuera de norma.

Así que por todo ello, repasar las normas del sentido común en el día a día, te permitirá ensayar en busca de un récord particular. Aquí van las principales:

1.- ¡Anticipa, anticipa, anticipa!

De nada sirve llevar bajo el pie el motor TDI más eficiente del mundo, si continuas acelerando cuando a lo lejos observas un semáforo en rojo y las luces de freno de una melé ciudadana. Retira el pie del gas nada más divises luces rojas; además, no tendrás casi que pisar el freno.

2.- Aligera.

A lo mejor has escuchado la historia de una prueba de consumo realizada por Peugeot en los años setenta con un 504 con una carrocería modificada para convertirlo en una suave gota de agua, en la que el piloto después de afeitarse el bigote, consiguió reducir en 0,001 litros el consumo por vuelta. La anécdota es real, y aunque a tí el equivalente a una gota de agua no te vaya a salvar la vida, el coche no es un trastero y así ha de seguir siéndolo.

3.- Cambia a la marcha más alta… pero no siempre.

Esto está demostrado y tú mismo puedes comprobarlo. Trata de mantener la misma velocidad en cuarta, quinta y sexta, en una rampa prolongada de la autovía. Puedes ayudarte con el control de crucero y la lectura de consumo instantáneo del ordenador. Y con una regla que no falla: la de las agujas amigas. Velocímetro y cuentavueltas, han de permanecer acomapasadas.

4.- Improvisa un sistema Start&Stop.

Un coche corriente, consume él solito entre un litro y medio y dos litros a la hora, sólo con permanecer arrancado. El sistema de inyección al ralentí, es como un hilo fino de agua que cae de un grifo mal cerrado. Si pasas más de medio minuto detenido, corta el encendido.

5.- Acelera orográficamente.

España es un país generalmente considerado como montañoso. Esto significa que tienes cuestas por todos lados, así que ¿Por qué no aprovecharse de ellas? En carretera, acostúmbrate a ganar velocidad cuesta abajo para mantenerla cuesta arriba. El sistema no falla y además, permite respirar a las mecánicas cuando más sufren.

6.- Empuja una nevera.

En alguna ocasión seguro que has tenido que sacar el frigorífico de su sitio para tenerlo que volver a meterlo. ¿A que pesa? Pues unos 100 kilos de media y cargado. Ahora multiplica por 10 y empuja tu coche cargado. ¿Cuesta moverlo? Arrancar desde parado es la maniobra que más consume en todo el ciclo de conducción de un coche. Así que pisa poco y cambia rápidamente a segunda velocidad.

7.- Acuérdate de las ruedas.

Una presión inadecuada, deforma las ruedas, es peligroso y no tiene sentido. Eres un profesional, así que olvida las pataditas a las ruedas y lleva encima un manómetro. Y si no es posible, vigila las presiones a ser posible en el mismo surtidor o taller. Una décima más que la presión máxima recomendada por el fabricante, rebaja el consumo un 1%

8.- Respira.

No tú; el motor. Conviene recordar que los motores de combustión interna se alimentan de combustible y comburente. Una cosa es la gasolina o el gasoil. La otra, el aire. Y en la proporción, gana de largo el aire. Un filtro de aire sucio, hace que al motor le cueste horrores respirar aire fresco. Y todo lo que no chupe, lo sustituirá por líquido. Hasta donde sabemos, el aire es gratis, pero pasar por la gasolinera, no.

9.- Mantén la caja cerrada.

Un automóvil está diseñado para ir con las ventanillas subidas. Cuando las bajas, echas por tierra el trabajo de decenas de ingenieros con bata blanca y gafas finitas de metal, que no duermen si algún vértice de la carrocería genera una turbulencia en el túnel de viento. Mejor el aire a través de la climatización.

10.- Conduce largo.

Como en los diez mandamientos, en éste se resumen todos los anteriores. Conviene no pelear con ninguna de las palancas del coche ni contra los dictados de la física cambiando súbitamente las trayectorias. La suavidad es muy zen, pero sobre todo, conserva el coche que vas a vender.

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